Paso a modo “hibernación”

Queridos amigos de ExtempForaneo:

Con mucha tristeza debo asumir la realidad de que no puedo continuar escribiendo regularmente en el blog. No es noticia nueva puesto que los últimos cinco meses he publicado con bastante irregularidad y ajeno al ritmo que marcó la bitácora desde su nacimiento y al menos por el espacio de año y medio. Me resistía a cerrar la producción, esperando tiempos mejores. No ha sido así y las cosas empeoraron en lo que a la vida y la rutina cotidiana se refiere. No tengo tiempo disponible y el trabajo que desempeño está lejos de brindar cierta compatibilidad con mis intereses y me deja en tal estado de agotamiento y vacío que no me provoca tocar el teclado ni me da el cerebro para elaborar una nota. El ritmo es febril, mundano y estéril y pretender que en los días “libres” (que no son sábados ni domingos) pueda escribir algo esta fuera de consideración.

Todavía, eso sí, tengo esperanzas de rehacer mi vida de tal manera que se acerque un poquitín a lo que me gusta, pero no depende sólo de mí y las probabilidades no son halagüeñas. Espero que en el futuro las condiciones cambien y que pueda dedicar una parte de mi tiempo a escribir y proseguir la andadura que inicié con  ExtempForaneo y otros proyectos. Sé que no será fácil remontar la cuesta de lo que mi bitácora humildemente logró, pero qué le vamos a hacer. ¡Fuera de tiempo y lugar!

Gracias por leerme, enlazarme, comentar.

Hasta la próxima …



Despedida

Mi querida Mary,

Hoy es uno de los días más desoladores de mi vida. Te fuiste. Tú , la llena de vitalidad, de amor por los demás. La voz más dulce, la amiga fiel, sencilla y profunda.
Miro a mi interior y trato de encontrar, de comprender. No puedo. Todos los escenarios imaginables de pérdidas y muertes, pero no tú, el puño en alto, la seguridad en lo que hacías, el horario ilimitado para proteger y cuidar de los demás, la dignidad incorruptible. La que se sacaba del bolsillo unos billeticos arrugados – y duramente ganados – para aliviar mis cargas y la de tantos otros.
Hace 32 años, flacas y enérgicas, tomamos un camino juntas. Golpes, crisis, separaciones, divorcios, cambios de rumbo, pero nada nos separaba. Pasamos todas las pruebas.
Representabas la transparencia de alma. Contigo no había máscaras, ni vergüenzas. Nos mirábamos a los ojos y no quedaba nada por decir, por duro que pareciera.
Ahora, en estos cinco años lejos de Venezuela y de ti, te convertiste en mi salvaguarda. No hay día de mi vida, Mary, no hay prácticamente una actividad o un momento a solas, en que no esté tu voz diciéndome cosas, preguntando otras, riendo con tu manera inocente de reconocer el mundo.
En la distancia, construí un universo sólo para las dos. Pensaba, que mientras no pudiera volver a Venezuela o al fin lograra invitarte a pasarla con nosotros, tú me dabas la fuerza, el amor, el alivio. Pero sobre todo, sentía que así edificaba una nueva manera de seguir siendo tu amiga, que no dejaras de ser mi alma gemela.
He cantado contigo; he bailado salsa sólo para sentirte presente. Hablo contigo mientras hago el mercado; me admiro al ver pasar una ardilla, voy en el carro, descubro algo nuevo en mi nueva vida, y en todos estás tú.
Hace ocho meses, cuando enfermaste, empecé a soñar que nos veíamos en tu casa y nos hablábamos a través de la mirada. En mis sueños, teníamos conversaciones interminables sin el habla, pero siempre estabas en cama o sentada. Nuestros hijos contemporáneos, Edgar Miguel y José Enrique, jugaban alrededor y mientras los observábamos, charlábamos de ellos.
Oníricamente te veía progresando, pero despierta, en las interminables madrugadas sin conciliar el sueño, me mente no hacía más que preguntar: qué pasará por la cabecita de Mary; cómo puede Mary sobrevivir cada día sin poder usar su mayor arma, el habla; qué sentirá Mary cuando su hijo pasa frente a su habitación y ella no puede llamarlo y abrazarlo; cuánto terror tendrá de que su hijo esté sin su abrigo; qué película hacia atrás estará pasando sobre los cuidados no invertidos en su salud. Cada madrugada nuevas preguntas, llanto y desolación.
Una parte de mí quería aferrarse a la idea de que ibas a superar está crisis, como buena guerrera que has sido. Por eso mi último sueño de hace pocos días fue verte (siempre en la penumbra, ahora que hago conciencia, ¿por qué?) hermosa, con tu cabello negro y corto, rejuvenecida, delgada como cuando éramos pavas, vestida tan feminista y tan como yo quería verte. ¡Y hablabas! ¡Esta vez hablabas! Desde el fondo de tu garganta y con esfuerzo, pero nos entendíamos claramente. Te di la mano, pero no hizo falta, con el lado derecho lento y arrastrado, caminaste. Carlos Alberto estaba a mi lado, mirándote con devoción. Nuestros hijos jugaban en el patio.
No voy a poder acompañarte, despedirme, darte una flor. Nada ha sido tan duro como perderte. Un pedazo de mí se va contigo y otro se va al vacío y la oscuridad.
Me acompañarás a hacer mercado, aunque llore. Irás conmigo en el carro, por la vía y por la vida, aunque me deshaga en tristeza. Te consultaré mis cosas y buscaré las respuestas, aunque un río de lágrimas me sobrevenga.
Pero por sobre todas las cosas, escucharé tu voz, mi Mary querida. Me quedaré con tu voz.

Morella



Adiós, Mary

Nos dimos un último abrazo unas semanas antes de que mi familia y yo partiéramos a Estados Unidos. No fue un abrazo cualquiera. Llegamos hasta la entrada del edificio donde vive mi hermana, en Caracas, y nos vimos a los ojos. Ella sabía que al regresar a Valencia, me esperaba la ida definitiva, el cambio más radical, la ausencia larga, el adiós. Rompió a llorar. Había aguantado todos esos días. Yo había charlado con su padre, Miguel, mi antiguo suegro, como nunca antes. Se lo comenté. Con sus casi noventa, me asombraba la lucidez de sus recuerdos y la valentía de su despedida: “ya no nos volveremos a ver nunca más, Emilio, se acabó” y nos dimos un último abrazo en el que con profunda sinceridad agradecimos a la vida el habernos conocido.

María Alejandra, mi mejor amiga, mi chispa de alegría, mi caja de secretos, mi corazón palpitante y luchador, mi anterior esposa, mi cómplice, mi alumna y mi maestra, ¡ay! se ha ido para siempre sin que le haya podido ver, abrazar y tomar su mano.

Confieso que fue la primera mujer que deseaba, incondicionalmente, escucharme leer poemas, historias, o narrar las peripecias de mis grupos musicales predilectos. Reía como una niña con las diferentes voces que daba a mis personajes, fuese leyendo a Aquiles Nazoa, a mi abuelo o representando las historietas de Asterix y Obelix que le narré una y otra vez, a petición suya. Pero también lograba emocionarla con los Cantos de Maldoror y aquel “Yo te saludo Viejo Océano”. Podía leer el estremecimiento en sus ojos cuando en otro poema decía “Y el huye, huye, pero la mirada del trapero le persigue, con encarnizamiento, siguiendo su rastro en medio del polvo …”

No estuvimos mucho tiempo casados. Apenas un par de años. No peleamos. No sufrimos. Comprendimos, ambos, que entre nosotros se forjaba una amistad indestructible, por encima de cualquier cosa. No sólo fue así, fue más: Morella y Mary se hicieron entrañables.

María Alejandra Bolívar, el único ángel en quien creí, fue luchadora incansable, entregada a la causa de la salud de los trabajadores, como su padre. Mil vicisitudes hicieron de ella una llanera bravía, entregada a su familia y a todos los que la necesitaran. Así la conocí, en el Líceo Andrés Bello, organizando, hablando, dirigiendo. Entonces era delgadita, apasionada, inteligente y sobre todo, vital. Allí donde estuviera parecía que el mundo se hubiera cargado de electricidad, con su excepcional oratoria, que a todos cautivaba y que le permitía desarrollar charlas y clases que atrapaban a cualquier auditorio. Se graduó de periodista y como tal se especializó en lo que más conocía: la salud ocupacional, la defensa del derecho de los trabajadores a protegerse de los efectos y consecuencias del trabajo, la negligencia de las empresas o la parálisis de la burocracia estatal.

Estuve en casi todos los hechos importantes que forjaron su vida. Participé, subrepticiamente en cada uno de sus logros y estuve ahí para darle una mano si me lo pedía. Pero ella era más generosa y entregada y siempre me daba el doble de lo que yo necesitaba. Recuerdo en los tremendos momentos de penuria económica: Mary siempre me daba un sobrecito, muy escondido e íntimo con dinero para mí. Pero más que eso, era mi felicidad en la tristeza, mi brazo en el infortunio y mi ángel de la guarda personal, a mí, escéptico y ateo.

Mary sufrió un accidente cerebro vascular en diciembre del 2006 y perdió uno de sus dones más preciados: el habla. Había prestado mucha atención a los demás y su cuerpo quedó huérfano. Parapléjica, sin habla. La vida, ingrata, no tomó nota de los haberes y hoy, ocho meses después, mi querida amiga, uno de los grandes amores de mi vida ha muerto y aquí estoy, golpeando el teclado mientras caen las gotas de mis ojos, como una lluvia incesante, de tristeza y dolor.

Cuando nos despedimos, aquella tarde en Caracas, no imaginé que el precio de mi venida a Norteamérica sería tan caro. Siempre pensamos, Morella y yo, que cuando tuviésemos una mejor situación, papeles y buenos trabajos, traeríamos a Mary y a su hijo a nuestra casa, reiríamos juntos, pasearíamos y recargaríamos las baterías eternas de nuestro amor. No fue así. No, no.

Hace apenas un par de horas lo supe. Falleció en la madrugada de Caracas. No pudimos hablar más, no pude tomar su mano y decirle que siempre, siempre, siempre, hasta el último aliento de mi vida, estará en mi alma y mi recuerdo. Doy gracias a la vida por haberla tenido tan cerca y dentro de nuestra vida.

Adiós, Mary del alma.



Entradas Recientes

post Dos años de Extemp”F”oraneo

aniversarioEl segundo aniversario. Esta vez son pocas las palabras porque los últimos seis meses es poco lo que he producido. En algunas ocasiones estuve tentado a cerrar el grifo, pero mi familia, mi amada esposa y mis hijos, estuvieron ahí para impedirlo. Es que tengo un terrible defecto: soy perfeccionista y esa enfermedad me ha llevado a no pocas frustraciones e inconstancias. En los meses que han transcurrido no he sido el mismo: he dejado de escribir a los amigos, a la bitácora y abandonado trabajos personales y compromisos. No sé como explicarlo. Es como una luz interna que se apaga y de pronto nos importa poco o nada todo lo que acontece a nuestro alrededor. Todos me dicen que pasará, que conforme se vayan enderezando las cosas volverá el ánimo y las ganas de decir tanto. Yo, por mi parte, escéptico por naturaleza, enemigo endiablado de las premoniciones metafísicas, las predestinaciones positivas y  la magia del voluntarismo, callo y sigo en la lucha de cada día, en este mundo que nos ha tocado. Sin embargo, cada día estoy más seguro de que soy un extempforaneo, ni el tiempo ni el lugar. Y así, la bitácora sufre de mis mismos males.

No obstante, aún a pesar de mí, aquí está. Espero que el próximo año sea más como el primero y mejor. Un saludo a todos los que me leen, por cualquiera de las vías, y gracias.




post Piano, banjo, voz. Un rato con Chick Corea y Bela Fleck. Otro con Paula Cole

Cuando tenía veintiún años – ha pasado algo de tiempo ya – vivía en una buhardilla amable y bohemia en la frontera entre el Distrito Federal y el estado Miranda, en un lugar llamado Colinas de Bello Monte, Caracas. ¡Era un rey! tenía a mi disposición toda la azotea del edificio. Poblé de plantas la entrada: helechos de todas clases, violetas, calas. Por si fuera poco, el majestuoso Ávila estampaba el panorama siempre cambiante, con su verde profundo en la mañana, claro al mediodía y azulado en la tarde. Su silueta se recortaba sobre un cielo que en no pocas ocasiones era de un azul intenso. Las tardes de Caracas, aquella Caracas, siempre me embargaban. No sé si alguna vez volveré a estremecerme tanto como cuando salía a reflexionar a “mi terraza”, golpeado por la fresca brisa de la tarde. Entonces colocaba en mi equipo de sonido Akai algún disco (acetato) en correspondencia con mi estado de ánimo. En mis momentos de esperanza, de emoción elevada, encontraba a Chick Corea y su Return to Forever. Desde el primer día me atrapó y nunca le he abandonado. Tuve la suerte de comprar entradas para su primera visita a Venezuela – se presentaría en el Teatro Altamira – y la noche del evento no asistí, comprometido a una triste reunión que terminó informal e irrelevante. No imaginaba que nunca más hasta el día de hoy tendría la oportunidad de escucharle en vivo.

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post De robots y humanos

Le he echado un vistazo a estos vídeos de robots. ¡Impresionantes! No es difícil encariñarse con ellos y suponer que son cuasi-humanos. No, aún no lo son, pero creo firmemente en la posibilidad de que algún día serán máquinas capaces de discernir. Por ahora, los nuevos desarrollos evidenciados en los vídeos, están llevando a los gobiernos y científicos a trabajar en un código de ética en la conducta de los robots, algo que sin duda nos hace recordar las tres leyes de la robótica de Asimov.
El futuro, a este respecto, se me antoja absolutamente desconcertante e incierto: la maravilla puede traer consigo nuevas calamidades, principalmente porque el creador de los humanoides podría transmitirle todas las taras de que es capaz: robots para cazar inmigrantes ilegales, robots fundamentalistas, robots-soldados. El asunto de la ética no es menor. Matrix, I Robot o 2001 Odisea del Espacio, bien podrían ser una premonitoria advertencia. Soy fanático de los robots y les doy la bienvenida, pero desconfío, para variar, de la especie humana. No se pierdan los vídeos de los cuales aquí muestro uno.

Vía Seed Magazine




post Después de un mes …

Un mes sin escribir. Creo que ha sido la primera vez desde que inicié la bitácora. Lo lamento de veras pero las cosas han estado bien difíciles y las condiciones no daban para escribir. En un sentido, para nosotros, esta ha sido el año de la crisis. Aunque se ha abierto una puerta una vez obtenida la ciudadanía, eso justamente abrió los nuevos desafíos y problemas que debemos sortear para salir definitivamente del foso de nuestra vida anterior. Ese reto, arrancar desde el punto más bajo alcanzado, es el momento actual y no depende sólo de nosotros. En este último aspecto quedamos a merced de ciertas “instancias” que gustan de abusar y vejar, como todos los burócratas del mundo. No puedo, o más bien, no debo dar detalles, pero les aseguro que no ha sido para nada agradable. La lucha por obtener los papeles para mi familia es nuestro objetivo central. Por otra parte, aún estoy en la búsqueda de trabajo y me temo que optaré por la vuelta a los viejos oficios de cuando llegamos aquí, y mientras tanto seguiré tocando puertas. Tal vez no sea tan sencillo que un “señor” de poco más de 50 esté intentando comenzar de nuevo en un área tan “juvenil” como es la tecnología de la información, en especial cuando no puede exhibir una carrera universitaria.
Por último, antes de cerrar esta nota, debo reconocer que tener la bitácora alojada en mi propio servidor se está haciendo pesado y problemático. No puedo dedicarme igual al mantenimiento y revisión de los registros, la seguridad y las cada vez más ocasionales interrupciones eléctricas por las tormentas de la Florida. Debo sacar la bitácora de aquí y ajustar un montón de cosas, pero no puede ser hasta que cuente con algo de dinero y las prioridades están, sin duda alguna, en el quehacer y las necesidades inmediatas de la familia. Así que, dichas estas cosas, les quiero pedir a todos aquellos que me leen, que aunque pueda todavía seguir siendo irregular e inconstante en la publicación de notas, sólo espero que la vida me cambie de tal forma que pueda volver a escribir como antes.
Sí, no ha sido una buena mitad de año para Extemp”F”oraneo.



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